| La Mantilla: Tradición que Nunca pasa de Moda |
|
|
|
Para pasear elegante no hay mejor signo de distinción que la mantilla, cuyos orígenes se remiten a la misma cultura ibérica. Y es que en siglos anteriores toda dama que se preciase debía vestirla para adornar su cabeza y como signo de pertenencia a una clase social alta. En nuestros días, la mantilla vuelve a recuperar su valor, y aunque más que identificar a la clase alta sirve de complemento genuino del arte, su elegancia hace de ella el mejor complemento. Siempre a la moda. La mantilla hace resucitar lo mejor de la tradición puramente española y se convierte en sus fiestas la mejor manera de vestir acorde con la moda. Más allá del vestido estrictamente tradicional, la mantilla puede ayudarte a brillar en todo tu esplendor, lejos de estar anticuada, viste y sirve para adornar y proteger del sol tu cabeza. Seda, terciopelo, con adornos de cristal, blonda, chantilly... todos los materiales a tu servicio para este sensacional ornamento que te confiere lujo, elegancia y comodidad al mismo tiempo. Porque, lejos de lo que pueda parecer, la mantilla no resulta nada incómoda. Convéncete. Es ligera, ilustre y versátil. Además de práctica. Aunque ahora sólo se utiliza para acontecimientos y celebraciones especiales, debes saber que no hace mucho en España, estaba de moda todos los días del año. Es más, no había tarde de paseo que no contase con este hermoso complemento, con lo que Andalucía se vestía de encaje y elegancia a diario. Un complemento con mucha historia Hablar de cultura española, de raíces tradicionales al más puro estilo español es hablar de toros, de mantillas y de peinetas. No en vano, estos tres elementos explican una historia común: la de miles de mujeres que acudían a las plazas de toreo para exhibir sus encantos y, por qué no, para robar de paso el corazón de algún torero. Pero no sólo eso. Su historia tiene mucha más “miga”, la que ya reflejan los cuadros de Velásquez, donde no hay dama elegante sin mantilla, o las muestras pictóricas del reinado de Isabel II, que exigía a sus damas vestir mantilla en las ceremonias públicas y privadas. Y, de ahí a una curiosa anécdota: ¿sabías que incluso las mantillas propiciaron una pequeña revolución? Pues así es, ya que las mujeres de la nobleza la convirtieron en un símbolo de protesta contra el Rey Amadeo de Saboya y su esposa y lucieron sus mantillas como un auténtico símbolo de protesta que ha derivado en la llamada “Conspiración de las mantillas”. ¿Cuál es la que más viste? Aunque no hay normas escritas al respecto, lo cierto es que cada mujer tiene su mantilla. La que más le viste. Y ahí entran en juego factores como la edad, o el color de la tez. Es evidente que los bordados, si no son muy florales y con demasiadas guirnaldas, darán color y viveza a tu rostro y tu vestido. Aunque, eso sí, deberás tener en cuenta el color de éste último y evitar los fuertes contrastes, que una cosa es la elegancia... y otra el carnaval. Las mantillas preferidas son, ciertamente, las de color blanco y las de color negro. Si tu apuesta es por el blanco, ten en cuenta que éste conferirá ese aspecto inmaculado y puro propio de las vírgenes. Claro que si es lo que te interesa.... asegúrate primero de que tu tez no es tan blanca como para que se te confunda con el tono de la seda. Por el contrario, si tu apuesta es por el negro, debes saber que éste es por definición el símbolo de la elegancia. Sin embargo, asegúrate de que el vestido no sea también de este color o tu aspecto podría bien parecerse al de un velatorio. En conclusión, ten en cuenta que debes saber jugar con el contraste de colores y rehuir del monocolor absoluto. La moda y el color también juegan su papel.
|



